Alejandro de la Vega Zulueta

Entre, bocetos, modelos y conceptos emergen las esculturas de Alejandro de la Vega Zulueta. Sobre fondos bermellones, suficientemente rojos y a la vez profundos, o al aire libre, parecen flotar sus siluetas, livianas y concisas. Éstas, en un inicio son trazadas con su mirada en un lugar específico, posteriormente investiga patrones, dibuja, bosqueja, diseña y proyecta, una y otra vez, en el papel hasta que vislumbra un croquis o prototipo bien definido. Recurre a técnicas digitales, esquemas paramétricos y al juego libre de las posiciones y direcciones de las piezas. Del mismo modo, mediante procesos artesanales y con la ayuda de diversas tecnologías, materializa las partes y sus componentes. Cabe destacar que el autor da vida, no nada más a muros, paredes o espacios, sino también a los materiales, tales como el acero al carbón, piedras areniscas y otros minerales.
Asimismo, el tema del vacío está más que presente en su obra. Se trata de un elemento estético de peso, en todo el sentido de la palabra. Por eso, el artista constantemente nos relata, en sus módulos, una dialéctica fluida entre los volúmenes, los espesores, las densidades, las consistencias, los relieves, las texturas y, en especial, la luz y sus sombras. Lo anterior, propicia inesperados contornos, insospechadas figuras e imprevistas formas según la iluminación artificial o natural que reciban. Por lo tanto, estamos ante esculturas de índole multifacético, que rara vez están pegadas entre sí, pues la mayoría de las veces se encuentran ensambladas o permanecen en tensión para mantenerse unidas.
Ejemplo de ello son sus células, conjuntos de finas y flexibles piezas de madera que presentan variaciones paramétricas, no siempre perceptibles a primera vista, pero que en su totalidad dotan a la composición de una personalidad única. De tal manera, la fuerza expresiva de sus huecos oscuros, superficies iluminadas, vértices, ángulos, puntos y nodos los colma de un carácter humano con ilimitadas expresiones. Por otro lado, sus fúrculas, segmentos ubicados aleatoriamente y entrelazados en el espacio, generan ritmos, superposiciones y curvaturas con aspecto de sistemas óseos. Es innegable entonces, que además de la relevancia del vacío en su obra, el contraste y la oposición son otros factores determinantes.
Sin duda, sus líneas rectas y curvas, su caos y orden, su azar y repetición, su abstracción constructiva-deconstructiva, su tridimensionalidad, su figuración sencilla, sus trayectorias orgánicas y geométricas, sus realidades exponenciales, sus algoritmos, su dinamismo y estatismo, su perfeccionismo y su variabilidad, su sustancialidad y ligereza, la simpleza de su arte, su búsqueda matemática de la belleza, así como la expresión de un sentido estético por medio de lenguajes formales y humanos hacen de sus esculturas una armoniosa combinación entre arte y ciencia.
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Adriana Cantoral