Carlos Génova

La obra de Carlos Génova nos remite al estudio de los relatos primigenios. Aquellos que alumbraron a la humanidad en sus albores. Los que iluminaron a las culturas, apenas conscientes de sí mismas. Esas historias que salían del alma primitiva del hombre y se mezclaban con la vida animal y natural. Esas narraciones visuales y orales que estaban repletas de símbolos arcaicos (que para aquél entonces ya eran de antaño), representaciones antropomorfas y referencias a toda clase de sueños y divinidades. La sensibilidad del pintor nos trae al presente, con un especial lenguaje visual, ese contexto de mitologías antiguas que no pierden su vigencia.
Dice Jung, al hablar de los arquetipos, que los mitos son producidos por el inconsciente de los seres humanos y que no necesariamente son comprendidos en su totalidad. Para el pensador suizo, en cualquier persona pueden renacer los tiempos y pensamientos vetustos que originaron a una cosmogonía. De tal modo, Carlos Génova pretende, a través de sus creaciones, no olvidar el lado primario y a medio desarrollar que subyace en cada uno de nosotros. La psique, lo irreal y lo fantástico conviven en sus cuadros de forma estrecha, se hallan tan íntimamente ligados que no siempre se diferencian entre sí. El autor llega a lo más profundo de la mente para así plasmar numerosas visualizaciones extrañas, el inconsciente colectivo, pero familiares al fin y al cabo.
La verticalidad de los personajes, la paleta de colores viva, los trazos estudiados y las composiciones estéticas son algunas características de su pintura. Los protagonistas de sus telas se germinan en el fondo para nacer como tótems, ya sea de pueblos americanos, asiáticos, africanos, europeos o australianos. Las creaturas de Carlos Génova surgen del imaginario universal y al materializarlas, con la ayuda de sus pinceles, se nos figuran posibles y casi reales. Sus dibujos se distinguen por sus contornos y siluetas orgánicos. En muchas de sus piezas ha evolucionado de detalles figurativos a abstractos, sin embargo, su estilo parece expresar lo que viene del inconsciente, se calla con recelo y vuelve a su interior.
Carlos Génova exhuma de nuestros idearios lo numinoso y sagrado, haciendo una suerte de teogonía plástica. Alude a entidades eternas manifestadas de manera inmediata en las ensoñaciones y visiones. Son modelos que se perciben gracias a las imágenes en que se proyectan. El creador revive las escenas míticas sepultadas por la memoria. Vivifica su esencia. Su labor pictórica se sitúa entre la imaginación y la simbología primeras. Retrata paradigmas espirituales comunes a todas las épocas y lo realiza con la influencia de la escuela oaxaqueña contemporánea, el expresionismo abstracto, así como el abstraccionismo latinoamericano.
Algunos de los artistas extranjeros que lo han marcado son: Gustav Klimt, Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Willem de Kooning, Pablo Picasso y Gerhard Richter. Entre los mexicanos destacan: Víctor Hugo Zayas y Abel Vázquez. Asimismo, las culturas antiguas como la china, la japonesa, la turca, la polinesia, la maya y la mexica le han inspirado profundamente. Las obras de Carlos Génova conjuntan escuelas plásticas europeas y mexicanas que dan como resultado una reinterpretación de los orígenes de las civilizaciones bajo una mirada ecléctica, pero enriquecedora. Nos transmiten el espíritu de trascendencia, de supervivencia y de las fuerzas sobrenaturales.
En sus lienzos salen a la luz hombres y animales por igual. Provienen de una misma semilla. Una sola sangre los une. En varias de sus escenas evoca a la fertilidad y a la metamorfosis como partes fundamentales de la dualidad naturaleza-ser humano. Carlos Génova ritualiza a personajes zoomorfos mediante sus brochas y demás materiales. Estos seres nos recuerdan a los ancestros que eran mitad animales y mitad hombres. Ellos devienen, en ceremonias y ritos, en un solo ser con atributos animales y humanos. Como si de una fusión se tratara. El hombre se hace cuerpo con el animal y viceversa. El animal se humaniza y el humano se animaliza. Al observar sus cuadros podemos apreciar bestiarios bien logrados, con abundantes elementos y exquisito gusto.
Lo genuino, de entre los pintores mexicanos de su generación, de las creaciones de Carlos Génova radica en que retrata lo sustancial de diferentes tribus aborígenes, de sus clanes y de sus jerarquías. Lo hace con suma paciencia, agudeza estética y bastante pasión. Su trabajo nos confronta con los antepasados y con la necesidad espiritual - protectora - de cada persona. El carácter totémico de su Arte, dibujo a dibujo, trazado a trazado y figura a figura acumula costumbres y creencias complejas. Nos regresa a una época tribal en la que la humanidad comenzaba a conocerse a sí misma y a encontrar un significado de la vida y de la muerte.
La (in)mortalidad del hombre es otro aspecto reflejado en las creaciones de Carlos Génova. Los tótems o guardianes que describe nos señalan la cercanía de las almas ancestrales que viven a través de los vivos y en las que los muertos se transforman. Hasta cierto punto, no existe distinción entre vida y muerte ni entre cuerpo y alma. La continuidad de la vida se demuestra por la reencarnación y la resurrección de animales y hombres. La comunión armónica de vivos y muertos conforma el universo cromático del artista. Él es un joven pintor con una propuesta que puede aportar de sobra, literalmente una vida entera, a la historia del arte mexicano.
Adriana Cantoral
"Las apariciones esporádicas de Maluk". Mixta y arenas sobre tela. 2017
"Milk 5". Óleo sobre tela. 2017
"Los últimos en irse". Óleo y arenas sobre tela. 2017.
"Partvs Onírica 3". Óleo sobre tela. 2017.