Fernanda Martínez

Entre rojos y azules nacen las obras de Fernanda Martínez, aunque en realidad un buen número de ellas se origina a partir de los colores espectrales que resultan de la descomposición de la luz solar. Al parecer, la pintora pretende resaltar la mayoría de los tonos del arcoíris en algunas de sus composiciones, por ejemplo, en abstracciones verticales o geométricas, en animales místicos, en nombres de la divinidad, en símbolos espirituales, en letras mayúsculas, en paisajes urbanos, en retratos y en pequeños seres vivos. De ese modo, en sus telas relucen trazos sencillos, palabras, frases, dibujos simples y bocetos con fuerza gráfica. Cabe destacar que a pesar de utilizar selectas tonalidades, su paleta se basa en la armonía, ya que amarillos y verdes magnifican la vibración de los rosados, naranjas y morados.
La artista a veces intercala, a manera de textura, enunciados o cursivas poco legibles, que suben y bajan por el cuadro entre colores encendidos. En otras ocasiones nieblas claras y celestes flotan encima del lienzo. En otras más el llamado del agua se escurre entre sepias y ocres. Precisamente la humedad colorida se manifiesta en la virgen de Guadalupe, en elefantes mágicos decorados con estéticos elementos, en vocablos que aluden a la definición de Dios, en representaciones abstraídas de la naturaleza, en líneas curvas que describen abstracciones imprecisas al ritmo de bermejos o púrpuras, en ángeles rodeados de atmósferas contrastantes, en mezclas de cafés, cerúleos y negros, en aves delicadas, en flores radiantes, en personajes contemplativos, en sensuales bailarinas, en signos etéreos, en miradas multicolores y más.
Ese oscilar entre lo figurativo y lo abstracto, nos sitúa frente a sus ilustraciones con simpáticos detalles tipográficos, caligráficos, manuscritos y de estampados. Asimismo, la autora nos guía a sus suaves brumas añiles y violetas. Nos muestra la belleza de los insectos, con sus variados colores, formas y relieves. Fernanda Martínez nos confronta con el poder de la pieza sin figura alguna, más que puro color mezclado, revuelto, separado, ligero. Esos espacios y atmósferas nos recuerdan a los momentos en los que el alma se ilumina y se apaga, se encuentra y se pierde, se llama y se oye, así como se pronuncia y se calla. Con tinta de alcohol, encáustica, óleo, acrílico, cera fría y demás técnicas es innegable que el flujo de la vida atraviesa sus obras, cuales prismas traslúcidos, que nos llenan la mirada de hermosa luz.
Adriana Cantoral