Fanny Karchmer y el viaje del alma

Fanny Karchmer es una artista visual que ha hundido su existencia en los colores puros. Mares, montañas, cuevas, animales, personas, ciudades y símbolos revelan la intimidad de su ser en la pintura. En su obra, el color es el protagonista, por encima de la forma, la textura y la perspectiva.
La pintora galopa sobre la tela con un impulso creador fuerte que lo único que la detiene son las orillas del lienzo. Ella reordena sus trazos con ritmos variados del mismo modo que compone las figuras. La marea de tonalidades de sus cuadros nos sumerge en distintas corrientes rítmicas. Observar el trabajo de Fanny conlleva a introducirse en un océano de sensaciones y sentires.
La creadora integra cada contorno con la pasión de una marinera que transita por las olas escarpadas y angulosas. Los colores son sus velas izadas a toda asta que vistos desde lejos simulan el subir y bajar de las aguas con movimientos intensos donde las tonalidades se juntan para sacar a flote los sentimientos.
Sus emociones marinas las traslada a cualquier escenario natural húmedo o cálido. El ímpetu de su ser toca las aguas de su alma y las plasma con el esplendor de los colores. Como si hubiera un solo color que va diluyéndose o concentrándose dando como resultado insólitas combinaciones.
Sin embargo, las aguas pictóricas de Fanny pasean por todo tipo de paisajes; el humano, el místico, el filosófico y el onírico. Cuando el piélago se tranquiliza la pintora pisa puertos seguros dejando atrás lo naútico.
Fanny reacomoda constantemente los pigmentos en sus telas, logrando así límites tenues entre unos y otros. La profundidad y la voluminosidad son aspectos relevantes de sus obras. El óleo se aferra al lienzo y Fanny tiene que aplacarlo o deslizarlo. En más de una ocasión la fuerza del colorido la ha arrastrado a estados de ánimo desconocidos para el alma.
Su manera de dar color es totalmente suelta. Fanny manifiesta con absoluta libertad sus sentimientos y emociones más íntimos. Observar su trabajo implica merodear por los filos del espíritu.
Sus líneas rectas que afloran desde el fondo del cuadro se complementan con el resto del trazado. A pesar de ser una purista del abstraccionismo, permite a su alma viajar hacia las figuras que esconde el inconsciente, por ejemplo, una pareja amándose, un ave rapaz mirando al sol, un ángel en paz, una ciudad caótica, un espejismo, una cubierta de cristal, un destello de luz, un camino sin sentido, etc.
Adriana Cantoral

Castillos del alma

Carrousel

Entre reflejos

Primavera, Verano y Otoño

Detrás de la tormenta sale el sol