Gabriela Acosta

Los retratos de Gabriela Acosta irradian una luz propia, como si estuvieran iluminados por dentro. Ese destello particular nos conecta con una agradable sensación de bienestar y armonía. Del mismo modo, la sonrisa de sus personajes nos atrapa, pues se siente completamente sincera y cálida, aún tratándose de animales o mascotas. En cuanto a sus miradas, son cristalinas y limpias. Incluso, cuando la artista pinta ojos en gran formato los describe como un par de bellos espejos coloridos que reflejan lo más profundo de la existencia humana. No cabe duda que la felicidad resplandece en las expresiones faciales de los protagonistas de sus cuadros, ya que nos transmiten paz mental, emocional y espiritual.

Asimismo, el tratamiento pictórico que da a los rostros se distingue por pertenecer a un estilo hiperrealista, pero sumamente sensible y afable, es decir, las caras que va plasmando en los lienzos se perciben cercanas y hasta familiares. De hecho, también imperfectas, como son en realidad las personas, a la vez que llenas de belleza y creatividad únicas. Tal es el caso de sus autorretratos en los que nos muestra su lado más alegre, vulnerable y amoroso. Por lo tanto, esa sensibilidad le permite retratar desde la inocencia y el candor de un bebé, el brillo de una figura pública como Oprah Winfrey, amistades entrañables, familiares cercanos como hija, esposo, tía o abuela, hasta las expresiones de un noble caballo.

Es notoria la manera en la que maneja el óleo, puesto que lo diluye con habilidad y, de repente, lo acentúa sobre la tela creando interesantes efectos visuales. En ese sentido, retrata con paciencia la luminosidad del alma de las personas, así como sus sentimientos y pensamientos, simplemente sus rasgos más humanos. En ocasiones, sus pinturas son de apariencia fotográfica debido a que tiene esa fuerte conexión empática y capacidad de describir con los pinceles la esencia del espíritu. Por ello, sus piezas no pretenden replicar con exactitud lo real, sino detallar la riqueza y complejidad del ser humano. Se trata de un arte que nos invita a abrir, en consciencia, la mirada estética y emotiva.

De la misma forma, el optimismo natural, no obligado, es otra constante en sus obras, dado que la pintora es una auténtica investigadora de la alegría de vivir certificada en el uso de diversas herramientas mentales para lograrlo. En definitiva, sus creaciones retoman el eterno arte de ser feliz, amarse y aceptarse tal cual a uno mismo.
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Adriana Cantoral