Leonardo Morales

Hay un arrojamiento insinuado del cuerpo humano en la obra de Leonardo Morales. Ejemplos de ello son, un joven torso desnudo dispuesto a su suerte, recostado, cual suculento trozo de carne… un hombre mayor obeso suspendido en el espacio tratando de moverse con incomodidad y rigidez… una mujer desparramada sin importarle la postura de su corporeidad, por mencionar solo algunos. Llama la atención que éstos se encuentren atravesados por tajantes líneas diagonales, verticales u horizontales, según sea el caso, sin perder la apariencia de haber sido aventados. Asimismo el escultor, literalmente, le da peso al pesaje de sus personajes, por eso resalta sus volúmenes, relieves, efectos de la gravedad, al igual que la fuerza de la masa que los constituye.
Derivado de lo anterior, la gestualidad es un aspecto relevante en sus piezas, ya que por un lado los seres que moldea, trátese de barro o plastilina, encierran un realismo característico y por el otro, sus expresiones faciales y corporales guardan una vastedad de movimientos previos que los llevaron hasta ahí. Se aprecia una intencionalidad psicológica en sus rostros, en las variadas texturas de su piel, ya sean de madera, bronce o resina, no se diga en sus posiciones. De hecho, Leonardo explora arduamente las poses de sus protagonistas, a la vez que ensaya con sus diferentes puntos de balance y desequilibrio. Sin duda, sus esculturas se sostienen en una tradición académica basada en el estudio anatómico y en la experimentación de su representación.
Cabe destacar también que la mayoría de sus personajes están cercenados, incompletos o exponiendo su intimidad. Lo interesante es que conserven su forma humana, es decir, el artista lleva al límite la reducción de sus miembros y aún así nos siguen pareciendo antropomorfos. A veces prescinde de los brazos o las piernas y en ocasiones de la cabeza, sin embargo mantiene el cuerpo bien detallado para preservar esa humanidad fragmentada e interrumpida. Por lo tanto, su discurso plástico es contundente, pues describe la posibilidad de invadir, despojar o descomponer lo corpóreo, pero en realidad el mensaje de fondo es el de materializar esa oposición natural a los procesos inherentes de la existencia.
En definitiva, para Leonardo lo corporal simboliza la incongruencia perenne entre el ser, el pensar y el actuar. Por eso le descarta componentes, para manifestar esa rotunda resistencia frente al dinamismo evolutivo de la vida. De cualquier manera, sus personajes no se quedan quietos, debido a que inevitablemente padecen transformaciones continuas. Con todo, nos perturban las faltas de las extremidades, pero nos tranquiliza la permanencia del cuerpo, aún con sus cortes inesperados. De tal forma, éste se convierte en el sitio de pasiones, divisiones, sensaciones, cambios, y en especial en el recinto de lo intangible y de lo infinito, propios de la condición humana.
Adriana Cantoral