Paola Bárcena

La fotografía de Paola Bárcena es caleidoscópica, ya que está colmada de cambios de lugares, de tiempos, de figuraciones, de abstracciones y de claroscuros. De ese modo, retrata miradas milenarias de ciudades sagradas de la India. Esos ojos hindús, esos ríos que arrastran misticismo, esa gente devota que se humedece en ellos, esas arquitecturas indescifrables, esas ceremonias pintadas en las manos, esos recintos religiosos, esos seres meditando y más embelesan su lente. Lo mismo con la algarabía de las calles cubanas; llenas de memorias revolucionarias en medio de construcciones antiguas, habitadas de personajes sencillos y peculiares, con pieles morenas y ojos tabaco. Sin duda, en cada uno de esos rincones la artista se encuentra, va hallándose en la esencia de lo cambiante.

Las grandes metrópolis del mundo también la cautivan por sus movimientos incesantes, sus luces agitadas, sus oscuridades calmadas, sus ruidos caóticos, sus templos religiosos, sus fachadas coloniales, sus edificios infinitos, sus vistas panorámicas, sus monumentos, sus anuncios llamativos, sus escenarios abstractos y las historias tranquilas de sus callejones. Dentro de ese dinamismo citadino la autora reflexiona sobre la multitud y la soledad, así como en el devenir del ser humano, inmerso en la urbe, constantemente transformado en el asfalto. Aún más, esa conciencia urbana presente en sus imágenes nos habla de los cambios de residencia que ha vivido y que la han marcado de experiencias. Paola remembra sitios lejanos, añora espacios distantes y recuerda latitudes del pasado.

La naturaleza, por supuesto, está latente en sus fotos. En las pieles de mamíferos, en la fuerza, elegancia, valentía y lealtad de los equinos, en las paradójicas fiestas bravas, en los últimos minutos de luz que se diluyen en el océano, en las rocas esculpidas por el mar, en las texturas del agua, en la fuerza de las olas, en los colores marinos y turquesas, en la arena que graba e imprime al caminante, en la espuma que pule la costa, en el sol que pinta de ocre y azul las playas mexicanas y en la abstracción al natural. No se diga en los lagos y lagunas iluminados de verde sauce y blanco garza navegados por viejos xochimilcas, en el sublime y minimalista horizonte de sal líquida, rayos solares y cielos bolivianos y en sus tonalidades únicas al amanecer y al atardecer.

Asimismo, la creadora rinde un homenaje visual a lo meramente mexicano. A las tradiciones y folklore como el día de muertos, la guadalupana y la catrina; a la charrería, la gastronomía, los bordados y textiles; a lo kitsch como la lucha libre, los tianguis y los juguetes, de la misma forma que a los bailes regionales, las artesanías y el colorido de nuestro país. Cabe destacar que en la mayoría de sus series se manifiesta tanto lo oscuro como lo resplandeciente, al igual que la escala de grises. Se trata de una dialéctica de contrastes en donde blancos y negros se alternan, se abstraen, se complementan y se unen.
https://www.paolabarcena.com/
Adriana Cantoral