Ane Martínez

El sentido de colectividad está presente en la obra de Ane Martínez. Ella representa agrupaciones de realidades diversas, tales como, rinocerontes, escarabajos, tiburones, bicicletas, árboles, casas, veleros, aviones de papel, etcétera. Todos ellos, o en su mayoría, están pintados sobre una superficie arduamente texturizada. Para eso, la pintora recurre a mármoles pulverizados, distintos tipos de papales impresos, pastas especiales, pegamentos, así como a rasgaduras y escisiones intencionales. De tal suerte, estos efectos plásticos dotan a sus creaciones de cualidades táctiles y, por lo tanto, de una necesidad constante de contacto con ellas. Aún más, esos relieves nos generan vínculos emotivos y sentimentales con las piezas.
Respecto de ese proceso de texturizar, Ane sostiene que se debe de trabajar el fondo minuciosamente hasta conseguir diferentes impactos visuales, por ejemplo, zonas rayadas o raspadas, al igual que partes que dan la impresión de estar parchadas o pegadas, o bien, que siguen un patrón específico de huellas o marcas. Inclusive, si miramos con detenimiento lo que subyace a las figuras principales, observaremos un juego de líneas que van y vienen por el largo y ancho del cuadro. No cabe duda que el hecho de indagar con ahínco, en lo remoto de la tela, responde a una motivación de la artista por extraer sus sentimientos más complejos y puros.
Pareciera entonces que, Ane libera o abre aquellas obstrucciones emocionales que son suyas, pero también de quien las vea, y que habitan en el lienzo, el cual se hace un territorio del alma. Por ello, su arte se basa en el concepto de transformación, es decir, en la transición que se da desde el soporte en blanco y vacío hasta la obra poblada de una orografía personal y universal a la vez. Asimismo, la autora nos transmite que para sacar a la luz la materia surcada, previamente hubo una introspección, un ahondamiento en sí misma. Y podemos palparlo en la fuerza de sus trazos, en la energía de sus entramados y en el golpeteo del pincel con pintura. A veces es tan denso ese trabajo pictórico que se pierden las figuras en el fondo y viceversa.
Por último, retomando el tema de lo colectivo en sus cuadros, éste se manifiesta de forma latente. En ocasiones, llega a percibirse como una multitud de cosas o seres apretados en un espacio, como si estuvieran invadidos de ruido, mientras que en otras, los entes se disponen plácida y tranquilamente encima de una atmósfera sencilla y silenciosa. Sin duda, llaman la atención sus improntas emotivas por la tela, del mismo modo que sus escalas de grises, sus mezclas de azules, rojos y blancos. Por eso y más es imposible no seguir con la mirada los brochazos y pinceladas, así como los demás rastros de la creadora en la pintura.
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Adriana Cantoral